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En positivo: Igualdad, prevención y políticas
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Cada 8 de marzo nos invita a detenernos por un momento y a mirar tanto el camino recorrido como el ingente camino que, en materia de igualdad, nos queda por recorrer. No para caer en la autocomplacencia -y cuanto menos en el triunfalismo- sino para preguntarnos qué políticas funcionan y qué debemos seguir fortaleciendo para construir una sociedad verdaderamente igualitaria y libre de violencias machistas.
Con el convencimiento de que este es el camino hacia un futuro más próspero, justo, igualitario y pacífico, en La Zubia llevamos años trabajando desde una convicción clara: en materia de igualdad, no caben las improvisaciones. La igual real y efectiva se construye con políticas públicas sostenibles y sostenidas, con educación, con concienciación, con participación social y con una estrategia municipal que sitúe la prevención en el centro.
Podría aprovechar este espacio para enarbolar un sinfín de causas. Y, si me permiten, algunas seguirían avivando polémicas que, para mí, carecen de sentido. Porque para mí y para el equipo de gobierno, liderado por Purificación López, lo verdaderamente útil es no contribuir a banalizar un debate que desvía la atención de lo importante, confundiendo “hembrismo” con “feminismo” y que nos hace perder el foco de la desigualdad entre hombres y mujeres que existe en todos los ámbitos: incluidos, por supuesto, el personal y el profesional. Una diatriba que, por cierto, humilla y condena al silencio a cada mujer víctima de la violencia de género y a cada mujer asesinada como consecuencia de esta barbarie.
Por eso, prefiero pensar en positivo. Hablar en positivo. Actuar en positivo. Y centrar la atención en los datos que evidencian que las políticas de igualdad funcionan. Valgan como ejemplo, los datos extraídos del Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior, que, en términos absolutos y relativos, reflejan una evolución que merece ser tenida en cuenta. Y es que los delitos contra la libertad sexual registrados en el municipio han descendido más de un 22 % en el último año y las agresiones sexuales con penetración se han reducido un 75 %.
Estas cifras que extraigo con prudencia y cautela, nos permiten vislumbrar una tendencia y observar algo importante: con políticas públicas sostenidas en el tiempo para promover la igualdad y prevenir las violencias, los resultados empiezan a reflejarse también en los datos.
Ese trabajo tiene en La Zubia un espacio de referencia: el Centro Carmen Jiménez, impulsado por el Ayuntamiento, en colaboración con la Universidad de Granada, convertido hoy en un referente de gestión pública en materia de igualdad, reconocido y premiado en diferentes contextos.
Una iniciativa de altísimo impacto y valor, ejemplo de la importancia de la cooperación institucional, que nos permite desarrollar actividades educativas, culturales, científicas y de divulgación que acercan el conocimiento a la ciudadanía y refuerzan el compromiso del municipio con la igualdad. Y que, sobre todo y ante todo, nos permite atender a todas las mujeres que, en La Zubia, requieren atención, orientación y cuidado en materia de igualdad. Son las mujeres que, con nombres y apellidos, cargan en sus espaldas historias de maltrato y violencia. Y de superación. Porque son muchas las mujeres que, gracias al trabajo de nuestras profesionales, encuentran la forma de poner fin a sus dramáticas existencias.
Y esto solo tiene una lectura. Las políticas de igualdad, lejos de atentar contra la convivencia como quieren hacernos creer en algunas facciones ideológicas, contribuyen a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía en su conjunto. Contribuyen a dotar de recursos y medios a las mujeres para ser dueñas de sus propias vidas.
Desde la Conferencia Mundial de Beijing de 1995, las administraciones públicas tenemos el mandato de integrar la perspectiva de género en todas nuestras políticas. Lo sabemos. Queda mucho por hacer. Pero, a veces, tal y como les comentaba al principio, hay que hacer también un alto en el camino, para reconocer que las políticas públicas bien orientadas, dan resultados. Y la igualdad, ¿qué quieren que les diga? Requiere amplitud de miras y la vocación de dejar de usarla como arma arrojadiza y elemento de confrontación política. Hablamos de mujeres. De personas. Y eso merece respeto, acciones positivas, comprometidas y decididas.
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